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El vino, de masas o de élites?

Por Patricio Zarate

24 de octubre de 2026

A primeras, la lógica me dice que la economía de escalas no favorece a casi nadie. Bueno, en realidad sí, somos 8.000 millones de personas y tenemos que comer, acceder a medicamentos, vestirnos y todas esas cosas en un mundo donde sólo el 1 % del mundo tiene el dinero. Para estrechar el punto de discusión, hablemos de vino. Estamos en una era donde el vino está democratizado: se producen vinos sin defectos y de precios bajos en todo el mundo, desde Australia y dando la vuelta al mundo hasta Rusia. La pregunta que se desprende es obvia: ¿qué aporta a la industria la producción de gran volumen? Sí, dinero; según la OIV en 2021 las exportaciones mundiales de vino alcanzaron 34.300 millones de euros, siendo una parte enorme (más de la mitad), vino sin embotellar. Y lo que está claro es que este número no lo generan ni los Grand Cru de Borgoña ni los Premier Cru de Burdeos. Mencionado esto, hace años que todos sabemos que el consumo del vino viene en picada, la gente bebe mucho menos. Lo que está sucediendo es que la sociedad cambia y la industria no lo hace a la misma velocidad. ¿Y el resultado? Un desajuste, económico, social, político. Porque hay un montón de familias con nombres y apellidos detrás de cada crisis. Pero volvamos a la pregunta: en el gran volumen, ¿puede haber identidad? Me parece que no. ¿Se genera una economía de bienestar local? Es discutible, a menos que pensemos en ciertas cooperativas con nombre y apellido o en proyecto como los de Ricardo Palacios (Bierzo) o Telmo Rodriguez (Rioja), por mencionar algo. Pero eso no es "a granel" y no entraría en el concepto de gran volumen. Y a donde quería llegar es a los precios. Es importante aclarar que cuando vemos una botella de vino a menos de cuatro-cinco euros en una góndola, hay algo que no está bien: alguien en la cadena de producción o distribución no cobró por su trabajo, y suele ser siempre aquel del escalón más bajo. Veo en Instagram, a través de un perfil que se llama @elsumilleraustero una entrevista a Pedro Ballesteros MW, donde le preguntan si es posible acerca el vino a las grandes masas: lo que plantea Pedro es que el vino que a él le interesa es el vino que produce valor en las regiones en las que se hace, ese que crea empleo, que crea un relevo generacional; que lo que en realidad desea para las grandes masas no es vino, sino acceso a la educación, a la salud e igualdad de oportunidades para todos. Básicamente, no al vino de masas. En las antípodas, la pregunta que surge es otra: el vino de pequeño productor, ¿es mejor? Categóricamente, no. De la misma manera en la que deberíamos evitar los vinos y los alimentos ultraprocesados, no tendríamos que comprar el concepto romántico del vigneron recluido al ostracismo y entregado a la naturaleza que no controla el proceso de vinificación y embotella vinos defectuosos porque "todo vale". Y aquí no intento resolver nada, soy un espectador en un mundo en llamas donde imagino que la respuesta es como responden a todo en Galicia: depende. Pero interpretando lo que dice Pedro Ballesteros, yo también creo en el vino de élites, pero no de las económicas, sino en de las intelectuales. Porque no hay nada más emocionante que encontrarte un paisaje en una botella y pasarte horas frente a una mesa con amigos hablando de este tema infinito como un disco rayado.