¿Alguien quiere pensar en los portainjertos, por favor?
Por Patricio Zarate
24 de octubre de 2026
Cuando estaba estudiando para el concurso de "Mejor Sommelier de Argentina 2025", uno de los ejercicios que me recomendaron para prepararme fue imaginar preguntas malintencionadas que pudiesen aparecer en un supuesto examen oral o teórico. Y lo que me pasó por la cabeza fue algo así.
Imaginaros que tenemos un género de plantas trepadoras llamadas Vitis; dentro de este género, existen un montón de especies.
Ahora imaginaros que tomamos dos especies diferentes, usamos la raíz de una especie y la parte aérea de otra; es como armar un Frankenstein vegetal o unir dos puzzles pero con temáticas diferentes.
Este concepto no es nada nuevo, los griegos y los romanos usaban esta técnica de unir dos plantas distintas para árboles frutales, pero se normalizó o se estandarizó cuando la crisis de la filoxera, un insecto que arrasó con casi todos los viñedos europeos hacia el año 1860.
¿Pero cual es el fin de todo esto Cristo? Que la raíz de la planta elegida soporte condiciones o adversidades a las que la planta aérea no podría sobrevivir.
Dicho todo esto y para centrarnos en el mundo del vino, esta unión vegetal dará un fruto, una uva; y la pregunta más importante que me surge es: ¿de quién es mérito de la calidad, de la planta raíz o de la planta aérea?
Está claro que es de la conjunción de ambas, pero poco se habla o pensamos en los portainjertos. Es que los que nos dedicamos a esto, ¿no deberíamos alabar al portainjertos como el 140R (Ruggeri) que soporta la sequía en sitios tan secos como Priorat, Cataluña? ¿O nos replanteamos la concentración de la uva cuando en suelos fértiles se quiere bajar el vigor a través de Riparia Gloire de Montpellier? Y cuando, por ejemplo, hablamos de Chardonnay en suelos calcáreo, ¿en qué estamos pensando? ¿Que está dando la textura? ¿Es el clon elegido, es la composición del suelo, es la raíz, es la parte aérea o la vinificación?
Es verdad que los nombres de los portainjertos son de lo menos sexy y de lo más extraño que hay para estar relacionado con algo hedonista, porque se crean en laboratorios y responden a números de serie con la inicial del centro que lo desarrolló. Son casi imposibles de recordar (al menos para mí): piensen en 41B y 161-49 C para suelos calcáreos o 1103P para suelos salinos. En diez minutos la mayoría de nosotros se habrá olvidado.
Es por todo esto que cuando voy a un viñedo lo primero que hago es preguntar por las raíces, porque me generan mucha curiosidad. Y si hay algo que tengo claro es que es un tema que no termino de entender, ni siquiera de acercarme.
Pero ya sabeis lo que dicen "nada en la vida debe ser temido, sino comprendido".